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Diario íntimo (1951-1965)

Autor César González Ruano
Colección Letras madrileñas contemporáneas
Fecha de edición 2004
Nº páginas 1161 páginas
Medidas 22 x 16,5 x 6 cm.
Acabado Tapa dura
ISBN 978-84-7522-812-9

Letras Madrileñas Contemporáneas Nº 12

Disponibilidad: En existencia

30,00 €

Información

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Descripción

Detalles

      Fue uno de los mejores articulistas del pasado siglo, uno de esos periodistas-escritores a los que se cita continuamente, pero a los que nadie, o casi nadie, vuelve a leer. De prosa incisiva, ingeniosa, imprevisible, César González-Ruano (1903-1965) plasmó las menudencias de la vida diaria con un lenguaje fresco, de frase corta, que quedaron reflejadas en miles de deliciosas columnas. Prologado por Francisco Umbral, Diario íntimo 1951-1965 se estructura año a año. Cada año, a su vez, registra todos los meses. Hay algunos saltos -días en que no escribe nada-, pero las anotaciones, desde el punto de vista cronológico, suelen guardar bastante regularidad. Unas veces surge la frase melancólica: «Salí al café Gijón a las diez, pero me volví a casa antes de las doce. El que nevara me despertó no sé cuantos más afanes de hogar sobre los que ya tengo de ordinario». O salta la chispa: «El alemán Haas me hace una fotografía. Hace viento. Le digo que el viento es muy fotogénico». Y el humor: «Vino a almorzar Fernández Flórez. Está cada día más joven. Le pregunto hasta dónde se propone llegar»...

  De César González-Ruano (1903-1965) suele decirse que fue un gran talento malgastado. Y hay en este comentario una especie de interesado cálculo de rendimientos que casa mal, pensamos, con lo que atañe a los caprichos del arte y a los imprevisibles vericuetos por los que éste se afirma. ¿Qué malgastó este aplicadísimo escritor que publicó varios miles de artículos y medio centenar de libros? Acaso oportunidades. Desertor de todos los movimientos literarios del casi medio siglo que permaneció en activo (empezando por el ultraísmo y el modernismo reticente), González-Ruano administró su desgana y su desdén por los esfuerzos sostenidos hasta llegar a dominar como nadie el género breve: la crónica o el artículo imbuidos de gracia lírica, plenos de capacidad de sugerencia y evocación. Los escribía de dos en dos, de tres en tres, de seis en seis, normalmente sentado en un café y con un oído puesto en el barullo de la calle o en la concurrencia no siempre deseada. Y luego dedicaba el resto del día a perfilar su mejor obra: su propia vida, sentimentalmente enrevesada, económicamente caótica y dominada por desidias recurrentes y variopintas enfermedades del cuerpo y el espíritu.

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