Poeta en Roma

Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), nombre legendario en su Perú natal así como en muchos otros países del ámbito hispánico, fascina por la originalidad de su arte y por el encanto insólito de su poesía, en constante renovación a lo largo de su vida, a veces intensamente lírica, a veces gozosamente lúdica, irónica y sabia, con evidentes referencias al budismo zen, en el que fuera iniciado por su maestro Taisen Deshimaru. Poeta en Roma reúne los diez poemarios escritos por el autor durante su estancia en la  Ciudad Eterna, antes de radicarse definitivamente en Milán, y en ellos se encuentran referencias precisas a personajes, calles, monumentos famosos, pero constituyen también un testimonio de la existencia pobre y dolorosa de la capital en la inmediata posguerra, así como de la sucesiva riqueza pretenciosa y vana, en contraste con la descomposición interior del individuo, cada vez, más solo e incomunicado, «sin cabeza y sin calzado», «buscando a Dios / entre las patas de una mesa», o escuchando latir su propio corazón enamorado mientras «un saxofón de plata suena y suena / en la vía Appia».

Poeta en Roma

Edición, prólogo y apéndices de Marth L. Canfield
2009
252
12,5 x 19,5 x 1,2 cm
Tapa blanda
978-84-9895-720-4
14,00 €
Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), nombre legendario en su Perú natal así como en muchos otros países del ámbito hispánico, fascina por la originalidad de su arte y por el encanto insólito de su poesía, en constante renovación a lo largo de su vida, a veces intensamente lírica, a veces gozosamente...

Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), nombre legendario en su Perú natal así como en muchos otros países del ámbito hispánico, fascina por la originalidad de su arte y por el encanto insólito de su poesía, en constante renovación a lo largo de su vida, a veces intensamente lírica, a veces gozosamente lúdica, irónica y sabia, con evidentes referencias al budismo zen, en el que fuera iniciado por su maestro Taisen Deshimaru. Poeta en Roma reúne los diez poemarios escritos por el autor durante su estancia en la  Ciudad Eterna, antes de radicarse definitivamente en Milán, y en ellos se encuentran referencias precisas a personajes, calles, monumentos famosos, pero constituyen también un testimonio de la existencia pobre y dolorosa de la capital en la inmediata posguerra, así como de la sucesiva riqueza pretenciosa y vana, en contraste con la descomposición interior del individuo, cada vez, más solo e incomunicado, «sin cabeza y sin calzado», «buscando a Dios / entre las patas de una mesa», o escuchando latir su propio corazón enamorado mientras «un saxofón de plata suena y suena / en la vía Appia».

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