La sagrada cripta de Pombo

Visor inicia con los Pombos de Gómez de la Serna una colección de letras madrileñas contemporáneas. En 1912 Ramón Gómez de la Serna instituyó una tertulia literaria, los sábados por la noche, en el café botillería de Pombo, en la calle de Carretas, en un costado de lo que fue Correos y después Dirección General de Seguridad. Tras la guerra etiquetaron al café y el edificio que lo albergaba, y lo tiraron, para encastrar en su lugar, no como solía ser corriente, una sucursal bancaria, sino para dejarlo vacío. Desde que empezó hasta que tuvo que suspenderse, cuando la guerra, la tertulia funcionó siempre, incluso en las ausencias de su fundador, que aprovechaba sus viajes para enviarles cartas y soplar sobre los rescoldos, con el fin de no encontrarse a su vuelta el hogar pombiano apagado y frío. Gómez de la Serna comprendió muy pronto que en el escalafón literario español de la época era importante abrir una tertulia y situarse a la cabeza, como quien es jefe de una tribu o funda un partido político. Tertulias célebres antes de la de Pombo hubo muchas en Madrid. Podemos considerar este libro como un diario, el diario de a bordo de esa nave.

La sagrada cripta de Pombo

1999
846
16 x 22 x 5 cm
Tapa dura
978-84-7522-802-0
32,00 €
Visor inicia con los Pombos de Gómez de la Serna una colección de letras madrileñas contemporáneas. En 1912 Ramón Gómez de la Serna instituyó una tertulia literaria, los sábados por la noche, en el café botillería de Pombo, en la calle de Carretas, en un costado de lo que fue Correos y después...

Visor inicia con los Pombos de Gómez de la Serna una colección de letras madrileñas contemporáneas. En 1912 Ramón Gómez de la Serna instituyó una tertulia literaria, los sábados por la noche, en el café botillería de Pombo, en la calle de Carretas, en un costado de lo que fue Correos y después Dirección General de Seguridad. Tras la guerra etiquetaron al café y el edificio que lo albergaba, y lo tiraron, para encastrar en su lugar, no como solía ser corriente, una sucursal bancaria, sino para dejarlo vacío. Desde que empezó hasta que tuvo que suspenderse, cuando la guerra, la tertulia funcionó siempre, incluso en las ausencias de su fundador, que aprovechaba sus viajes para enviarles cartas y soplar sobre los rescoldos, con el fin de no encontrarse a su vuelta el hogar pombiano apagado y frío. Gómez de la Serna comprendió muy pronto que en el escalafón literario español de la época era importante abrir una tertulia y situarse a la cabeza, como quien es jefe de una tribu o funda un partido político. Tertulias célebres antes de la de Pombo hubo muchas en Madrid. Podemos considerar este libro como un diario, el diario de a bordo de esa nave.

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