Visiones del Quijote desde la crisis española de fin de siglo

El año de 1898, con las pérdidas de las provincias de ultramar, supuso un punto de inflexión muy importante en la historia de España y, sobre todo, en nuestra manera de ver el mundo y de sentir y pensar nuestro país. Siete años más tarde, en 1905, se conmemoraba con gran intensidad y profusión de medios el tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote. El acontecimiento cervantino se relacionó e implicó íntimamente con los tristes sucesos que tuvieron lugar en 1898, como no podía ser de otra forma, y la relectura por parte de de los pensadores e intelectuales de la llamada generación del 98 se convirtió en una lectura de los males que aquejaban a España y en el despliegue de un abanico de propuestas para regenerar el país. Habíamos tocado fondo en el transcurso de nuestra secular decadencia, y a partir de ese instante hubo la impresión generalizada en la ciudadanía española y en sus líderes de opinión de que nada servía lamentarse y de que lo que tocaba no era llorar, sino salir del hoyo, apretar los puños y mirar el futuro con optimismo.

Visiones del Quijote desde la crisis española de fin de siglo

Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
2005
434
14 x 22,5 x 3 cm
Tapa dura
978-84-7522-789-4
22,00 €
El año de 1898, con las pérdidas de las provincias de ultramar, supuso un punto de inflexión muy importante en la historia de España y, sobre todo, en nuestra manera de ver el mundo y de sentir y pensar nuestro país. Siete años más tarde, en 1905, se conmemoraba con...

El año de 1898, con las pérdidas de las provincias de ultramar, supuso un punto de inflexión muy importante en la historia de España y, sobre todo, en nuestra manera de ver el mundo y de sentir y pensar nuestro país. Siete años más tarde, en 1905, se conmemoraba con gran intensidad y profusión de medios el tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote. El acontecimiento cervantino se relacionó e implicó íntimamente con los tristes sucesos que tuvieron lugar en 1898, como no podía ser de otra forma, y la relectura por parte de de los pensadores e intelectuales de la llamada generación del 98 se convirtió en una lectura de los males que aquejaban a España y en el despliegue de un abanico de propuestas para regenerar el país. Habíamos tocado fondo en el transcurso de nuestra secular decadencia, y a partir de ese instante hubo la impresión generalizada en la ciudadanía española y en sus líderes de opinión de que nada servía lamentarse y de que lo que tocaba no era llorar, sino salir del hoyo, apretar los puños y mirar el futuro con optimismo.

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